martes, 8 de septiembre de 2026

Belmonte, una escapada perfecta por Castilla La Mancha


En nuestra última escapada nos hemos ido hasta la provincia de Cuenca para conocer Belmonte, unos de los Pueblos Mágicos de España, que destaca por su patrimonio medieval del siglo XV, su vinculación histórica con personajes como el Marqués de Villena y la emperatriz Eugenia de Montijo, así como por ser cuna del celebre escritor Fray Luis de León.
En esta entrada os muestro todo lo que puedes ver en un día, sus lugares más interesantes para que no os perdáis nada. Lo mejor es que es un pueblo pequeño y muy cómodo de recorrer a pie. Este tranquilo pueblo castellano-manchego nos sorprendió desde el primer momento con su imponente castillo, una fortaleza construida a partir de 1456 por orden de Juan Pacheco, primer Marqués de Villena, que destaca por su planta estrellada única y sus espectaculares techumbres mudéjares. Cuatro siglos después, la emperatriz Eugenia de Montijo lo restauró y le dio el aspecto palaciego que conserva hoy.







Cuando terminamos de visitar el castillo, bajamos al pueblo y entramos por la Puerta de Chinchilla, que es la más antigua y mejor conservada de las cinco que formaban parte de su antigua muralla. El municipio conserva un importante recinto amurallado del que todavía se pueden cruzar tres de sus históricas puertas de acceso: La Puerta de Chinchilla, La Puerta de Toledo o de la Estrella y La Puerta del Almudí.
De los 2.000 metros originales del recinto amurallado se conservan visibles aproximadamente 900 metros. El resto ha quedado integrado en las viviendas del casco urbano o ha desaparecido.
La Torre Albarrana es una torre exenta, separada del lienzo principal de la muralla y conectada a esta mediante un puente con arco rebajado. En 1968 la muralla fue declarada Conjunto Histórico-Artítico. Las murallas de Belmonte se pueden visitar libremente durante todo el año. El recorrido exterior es accesible a pie por caminos y calles del casco urbano.

Puerta de Chinchilla 

Puerta de Toledo 

Arco de la Estrella 

Puerta del Almudí 



Torre Albarrana 

Entrando por la Puerta de Chinchilla llegamos directamente a la Plaza del Pilar, una de las plazas más grandes de Belmonte. Esta plaza debe su nombre a los dos pilares que hay situados a los lados.




Situado junto a la plaza se encuentra el antiguo Convento de los Franciscanos. Fue mandado construir en 1456 por el primer Marqués de Villena sobre los restos de la antigua ermita de Santa Ana. Actualmente parte de este convento funciona como centro de salud pero la iglesia aún funciona como tal.


A solo cinco minutos a pie del convento nos encontramos con la Colegiata de San Bartolomé, uno de los monumentos más importantes que ver en Belmonte. Es una joya de la arquitectura gótica del siglo XV que destaca por su sillería coral de madera tallada y por albergar la pila donde fue bautizado Fray Luis de León.







Al lado de la Colegiata se encuentra el Palacio del Infante Don Juan Manuel. Esta fue la primera fortaleza de Belmonte y donde nació Juan Pacheco, primer Marqués de Villena. Su hijo transformó el palacio en convento dándoselo a las monjas dominicas que lo habitaron hasta los años 60. Tras permanecer cerrado varios años, fue restaurado y hoy en día es un hotel, aunque aún conserva parte de la estructura original.


Otro lugar que merece una parada es su Plaza Mayor presidida por el Ayuntamiento. Este es el centro neurálgico y uno de los rincones históricos más representativos de esta villa medieval.



Callejeando por el centro del pueblo nos encontramos con algunos lugares de interés como la Casa natal de Fray Luis de León. A primera vista parece una casa más del casco urbano, si no fuera por la escultura de metal que representa al escritor y la placa de piedra que hay en la fachada para marcar su nacimiento. No se puede visitar porque es de propiedad privada.


También pudimos ver el Convento de las Concepcionistas que destaca por sus muros de mampostería con esquinas y aleros de sillería. Su puerta principal data del siglo XVII y cuenta con un arco de medio punto enmarcado por pilastras. A día de hoy se encuentra cerrado al público por ser de propiedad privada. Aún así merece la pena contemplar su imponente fachada.



La Casa señorial de los Baíllo es uno de los edificios nobiliarios más significativos del casco histórico. Data de finales del siglo XVII a principios del XVIII. Destaca su fachada de mampostería, con una portada de piedra de sillería en la que destaca el escudo heráldico de la famila Baíllo, esculpido en piedra sobre el balcón principal. Actualmente alberga la Oficina de Empleo.


En nuestro recorrido también nos encontramos con la Ermita de San Antón y Santa Lucía, un pequeño templo construido sobre una antigua mezquita árabe. Tiene una fachada muy sencilla y suele estar cerrada al público de forma habitual.


Y casi de casualidad dimos con el antiguo Hospital de San Andrés que se fundó en 1415 por Don Juan Fernández Pacheco, primer señor de Belmonte. Su función original era curar a enfermos, hospedar peregrinos y atender a personas necesitadas del señorío. En el siglo XV, Don Juan Pacheco, Marqués de Villena, amplió su financiación y dotación, llegando a contar con personal médico, boticario y capilla. El edificio se arruinó de forma progresiva durante la época contemporánea, quedando abandonado desde la década de los 70. Por ese motivo, parte de su patrimonio artístico se trasladó a la Colegiata. Recientemente se han llevado a cabo labores de excavación arqueológica y consolidación de restos, impulsados por la Junta de Comunidades de Castilla - La Mancha para recuperar el complejo y hacerlo visitable.



Y para terminar nuestra visita nos iremos a ver los Molinos de viento de Belmonte. La localidad cuenta con seis molinos, tres muy cerca del centro urbano y otros tres no muy lejos del castillo. A diferencia de la mayoría de los molinos manchegos tradicionales, que suelen estar encalados de blanco, estos destacan por su fachada exterior de piedra vista sin enfoscar, lo que les otorga un aspecto más rústico y singular. "El Puntal" es el principal y el único que está completamente restaurado, conservando su maquinaria original. Este y otros dos más están a unos 500 metros del centro urbano por lo que se puede llegar cómodamente a pie, dando un paseo partiendo desde la Colegiata, aunque también se puede subir en coche. El cerro donde se encuentran estos molinos es uno de los mejores miradores de la zona, desde aquí se pueden obtener unas vistas panorámicas de la llanura manchega, del pueblo y del castillo.


Espero que mi post os anime a conocer mejor este bonito pueblo de Cuenca para una próxima escapada.

¡Hasta pronto!



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